pude llegar a un trato con dios (el estado) y me fue concedida una época de gracia en el paraíso (el paro), pero no me ha sido posible huir de mis múltiples pecados y faltas (no tener dinero), y siendo como soy indolente y dado a excesos dionisíacos (es verdad) este implacable sistema moral que a todos nos somete (el capitalismo) me ha hecho caer en desgracia y precipitarme de nuevo al cruel padecimiento de las llamas del infierno (el lunes vuelvo a trabajar)